Autor: Héctor Alejandro Jaimes Galindo

La historia de la humanidad ha pasado por varias etapas y épocas desde la creación misma de la civilización desde la lejana Sumeria en el mítico medio oriente, hogar geográfico de grandes imperios y civilizaciones que pasearon por esos extraños desiertos. Desde entonces la mirada sociocultural a sus habitantes, propios y extraños ha ido variando desde el punto de vista de moda en turno.

Podía ser la mirada persa, otomana, griega, romana o egipcia, independientemente de su capital o su origen cultural, la opinión de los intelectuales, escritores y recopiladores suele variar y fundamentarse dependiendo de los valores de la época, la motivación, incentivo, entre otros; logran juicio de valor que perduran y definen una época, entre esa definición, la memoria de una época.

La otra vez, “El corazón de las tinieblas” llegó a mi escritorio, una obra cumbre de Joseph Conrad. Una descripción quizá objetiva pero real del Congo de Leopoldo II, quién es recordado como el más grande colonialista del siglo XIX perteneciente al reino de Bélgica; la cara oscura del progreso industrial de la época.

El libro es un relato real de una parte de la vida de Joseph, que bajo un seudónimo nos narra su viaje por el rio Congo hacia el corazón de la jungla africana. En pleno auge de las competiciones imperiales de Europa, la mirada de Joseph hacia la cruda realidad de los pueblos africanos nos muestra lo cruel y frío que puede llegar a ser el corazón humano.

Para ese tiempo este libro fue toda una revolución literaria, pues dio paso a los siguientes movimientos humanistas que no sólo buscaban abolir la esclavitud, sino también la forma inhumana del trato hacia distintos pueblos y civilizaciones ajenas y perdidas alrededor del mundo conocido por el hombre.

A pesar de ser un crudo relato acerca del imperio levantado por el hombre blanco, “El corazón de las tinieblas” no hace reparo en mencionar que la naturaleza violenta y expansionista del ser humano no es característico de un color de piel, sino que en aquellas tierras lejanas y sombrías fueron los propios pueblos o tribus enemigas las que esclavizaban a sus vecinos o que por último terminaban vendiéndolos para ser parte de aquella enorme y pesada maquinaria industrial.